El Celta tuvo la paciencia de las ‘palilleiras’ para madura el partido ante el PAOK y llevarse una nueva victoria ante los helenos que le permite alcanzar por séptima vez en su historia unos octavos de final europeos, donde le esperan el Aston Villa o el Olympique de Lyon. Eso lo sabrá hoy, a partir de las 13 horas, durante el sorteo que se celebra en la localidad suiza de Nyon. Y no se inmutaron los célticos en los primeros minutos con los tres testarazos de los helenos que casi encuentran la portería de Radu. Los de Giráldez siguieron tejiendo cientos de pases en busca de esa combinación eterna que sorprendiese con el pie cambiado al conjunto griego, que sufrió varias oleadas pero apenas se vio comprometido hasta que al filo de la hora de juego apareció Carreira por el costado izquierdo para asistir a Borja Iglesias en el área rival. El compostelano se sacó un taconazo de la chistera para que el balón le llegase a Williot. Y el sueco, como si estuviese jugando al billar, se inventó un remate cruzado, preciso, sin apenas fuerza y con cierta parsimonia hacia el palo largo, al que no llegó el portero. Así, con la sencillez de los artistas, el equipo de Giráldez conseguía el triunfo de la paciencia ante un rival que se hartó de correr en las interminables posesiones de los celestes de lado a lado del campo para salir de nuevo derrotados de Balaídos, como en octubre pasado, aunque en esta ocasión supuso el adiós a su participación en Europa ante un rival que fue muy superior también en esta eliminatoria.
Dos novedades en el once.
Giráldez apostó en la noche de ayer por casi los mismos que la semana pasada ganaron en el Toumba Stadium (1-2), con las únicas novedades de Rueda y Vecino por Mingueza y Román. No tocó el trío de centrales ni el de atacantes, con Javi Rodríguez, Starfelt y Marcos Alonso plantados ante Radu y Aspas, Borja Iglesias y Williot como puntas de lanza. Por esas dos líneas iba a pasar el duelo decisivo de esta eliminatoria. En las áreas se define lo bueno y lo malo del fútbol. Y de nuevo ayer, el Celta fue superior al PAOK. Dejó su portería a cero gracias al gran trabajo no solo de los tres centrales sino también de un Carreira que apareció como cierre en dos o tres ocasiones para evitar males mayores. El carrilero vigués firmó una gran actuación, siendo decisivo en ambas áreas.
doble pivote inédito.
Le agradó al técnico del Celta la puesta en escena de Matías Vecino ante el Mallorca y ayer contó con el internacional uruguayo como pareja de Moriba. Un centro del campo con mucho poderío físico, lo que no le dan los canteranos. Es la enésima pareja de pivotes que Giráldez utiliza en lo que va de una temporada en la que ya no están Damián Rodríguez ni Beltrán, mientras que Miguel Román se había convertido en fijo en las últimas semanas. El gondomareño fue titular el domingo ante el Mallorca y ayer le tocó entrar desde el banquillo. Con Vecino y Moriba, los celestes ganaron fortaleza física y aérea, pero les faltó profundidad. La tarjeta amarilla al guineano le llevó al banquillo en el descanso. Apareció entonces en escena Román para poner balones con peligro en campo rival. Con esa superioridad en el centro del campo, el Celta decidió irse en busca del gol que sentenciase el duelo.
Aspas-Williot.
Aunque se barajaba la presencia en el once celeste de Hugo Álvarez, tras su excelente actuación ante el Mallorca, Giráldez repitió con Williot, como en los dos anteriores compromisos ante los helenos. El delantero sueco marcó en ambas citas y ayer tampoco falló para firmar un pleno ante el PAOK: tres goles en tres partidos. Williot, además, vuelve a aparecer como el mejor socio de Iago Aspas. Ambos se presentaban a la cita de ayer con un bagaje impresionante: 4 goles y dos asistencias en una semana, entre el partido de Salónica y la visita del Mallorca a Balaídos. Esa cifra mejoró ayer con el tanto del escandinavo que supone la continuidad del Celta en la competición europea, mientras en la Liga ocupa una privilegiada sexta posición.
¿Dónde estará el límite?
Este Celta mejora día a día mientras afronta la fase decisiva del curso con grandes expectativas. Europa le debe una, la de Mánchester. En octavos jugará primero en Vigo, donde se sueña con conseguir algo grande de la mano de Giráldez.