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Rüdiger y el choque con Diego Rico

Si existe un deporte con tendencia a perdonar ese es el fútbol, quizás por aquello de que cada aficionado maneja su propio código de justicia. El mismo codazo puede ser intencionado o sin querer, dependiendo de los ojos que lo juzguen, y una entrada violenta se puede quedar en un simple lance “a destiempo” porque, en el fondo, todos queremos creer que ningún futbolista se lanza al suelo con intención de hacer daño a un compañero de profesión. Se perdona el insulto cuando es en caliente y se admite la amenaza de ampliar la tangana al túnel de vestuarios porque el fútbol se rige por códigos antiquísimos, algunos grabados en piedra, donde al guerrero se le perdona casi cualquier exceso en pos de un bien mayor: la victoria.

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