Que Nélson Oliveira tiene una personalidad fuerte ya lo sabía el propio Deportivo cuando lo contrató en el verano de 2012, más se enteró cuando protagonizó uno de los desplantes más sonados que ha vivido Riazor en los últimos tiempos al encararse con la grada después de hacer un gol ante el Espanyol. Esa fue su sentencia de muerte en A Coruña, aunque llevase ya mucho tiempo con los dos pies fuera. Días después, pediría perdón, casi por compromiso y con la boca pequeña, tras la reprimenda de todo el vestuario de un equipo que acabaría descendiendo a Segunda. Han pasado casi tres lustros desde entonces y la carrera del luso ha sido menos de lo que dictaba su calidad y, en parte, es por este tipo de polémicas que sigue protagonizando. La última, esta pasada semana con el Vitoria de Guimaraes, su actual club, que lo tiene apartado en las semanas finales de su contrato con los miñotos.
Primero era una lesión, pero luego su club emitió un breve comunicado diciendo que estaba apartando por "un proceso disciplinario". Él dio su versión diciendo que le castigaban por "defender a un compañero" y que eso es lo que debe hacer un capitán. Hace unos días su entrenador echaba más leña al fuego y lo señalaba, de manera indirecta, aludiendo a un episodio en Alvalade ante el Sporting en el que se le vio riendo sobre el césped con el entrenador rival después de perder 5-1. Su técnico fue duro con él hace unos días. "Un jogador profesional, más un capitán, debe colocar su ego por detrás de los intereses del colectivo. Un jugador profesional, un capitán, no puede estar de risas com elementos del equipo adversario después de una derrota pesada. Para jugar en un club como el Vitória de Guimarães y para ser un jugador profesional y un capitán en mis equipos, hay que ir al límite en todos los entrenamientos y en todos los partidos. Un jugador profesional, un capitán tiene que estar disponible para jugar 90 minutos, 10 minutos o hasta para no jugar", reflexionó su entrenador Gil Lameiras.
El episodio de 2017
Lo que ocurrió en los últimos días y el de 2013 no son los únicos episodios de esta índole protagonizados por Nélson Oliveira. En el 2017, su técnico en el Norwich, el equipo en el que militaba en la segunda inglesa, Daniel Farke, decidió dejarlo en el banquillo en el estreno del campeonato, a pesar de que había sido el gran goleador del equipo la pasada temporada con doce tantos. Recurrió a él en el minuto 64 cuando caía 1-0. Cerca del minuto 90 el luso aprovechó un balón llovido desde la media para deshacerse de su marcador y el meta y hacer el 1-1 para el delirio de muchos aficionados visitantes que estaban en Craven Cottage. Nada más marcar viró su rumbo a la carrera, se quitó la camiseta y corrió hacia donde estaba su entrenador para, a escasos metros de él y en tono reivindicativo, señalar su nombre en el dorsal de la elástica. Farke quiso rebajar la tensión intentando darle un beso y Oliveira lo apartó para luego insistir en su gesto, mientras sus compañeros lo alejaban de la escena.