Tú puedes ser lo que te propongas en la vida, reza una de las frases motivacionales más utilizadas. Pero no. Una persona puede proponerse, por ejemplo, ser Michael Jordan, y por mucho interés que le ponga será bastante difícil que lo consiga. No dispondrá de la alineación de virtudes —altura, agilidad, potencia o carácter— necesaria para convertirse en uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Cada deporte tiene al menos un factor físico diferencial -no entraremos aquí en cuestiones económicas, que también son importantes- que abre o cierra las puertas de la élite. En el caso del baloncesto, es la altura. Porque hay que entrar en esa pista de 28 metros de largo por 15 de ancho y verse rodeado de cuerpos que, tanto en la NBA como en la ACB, rondan los 1,99 metros de media. Y ahora, por un segundo, imaginarse entrando a canasta y encontrarse de frente con esos mismos cuerpos con los brazos extendidos para tapar una posible canasta.